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Auroras boreales: las luces del Norte

De los múltiples perfiles que puede mostrar el cielo de nuestro planeta, sin duda el más sorprendente es el de las luces del Norte o auroras boreales. Estos despliegues de luz producidos durante la noche en el Polo Norte son considerados una de las grandes maravillas de la naturaleza, y son muy pocos los afortunados que tienen la posibilidad de admirarlas con sus propios ojos.

Este fenómeno es conocido por la especie humana desde hace miles de años, siendo la civilización griega la primera en incluirlo en su mitología. Los pueblos indígenas de las regiones árticas, tales como los esquimales o los lapones, fueron los que tenían más al alcance las auroras boreales y los que empezaron a preguntarse el porqué de estas luces al amanecer. Sin embargo, su explicación se basó únicamente en creencias espirituales. La leyenda más prevalente entre estas tribus decía que un zorro ártico corría por los montes lapones golpeando la nieve con su cola. Debido al impacto, saltaban chispas de nieve en cada golpe provocando destellos de luz reflejados en el cielo, lo que en Finlandia hoy en día se conoce como revontulet o fuegos del zorro.

Los griegos definían la aurora boreal como el resultado del amor entre Eos –diosa de la aurora, del amanecer– y Bóreas –dios del viento del Norte–, y es de estos dioses de donde Pierre Gassendi tomó el término de aurora borealis. Fuente: Locura Viajes.

¿Cómo surge la explicación científica de las auroras boreales?

No fue hasta 1621 cuando el astrónomo francés Pierre Gassendi trató de dar una explicación científica a este fenómeno, basado en sus observaciones de las auroras en el norte. Un siglo más tarde, el astrónomo británico Edmond Halley lanzó su hipótesis acerca de que el campo magnético terrestre está implicado en la formación de las auroras boreales. Finalmente, fue el físico e inventor noruego Kristian Birkeland el que en el año 1896 dio con la explicación completa de este proceso.

Birkeland recreó a pequeña escala los fenómenos electromagnéticos que eran causantes de las auroras boreales. Gracias a sus estudios en el laboratorio, él propuso que la fuente de los electrones que producía la aurora era un conjunto de ráfagas de actividad solar, pero esta hipótesis no fue muy bien recibida por la comunidad científica de la época. Ya en 1967, los datos recopilados por un satélite espacial demostraron perturbaciones del campo magnético -tal y como Birkeland había predicho- y su teoría fue completamente aceptada.

Fuente: Dioses de la Realidad.

Hoy en día existe una explicación mucho más detallada acerca del origen de estas luces del Norte. Los vientos solares -también llamados plasma- que la Tierra recibe constantemente contienen partículas cargadas eléctricamente que golpean nuestro planeta a una velocidad de 400 metros por segundo. Cuando estas ráfagas se aproximan a la superficie terrestre, la magnetosfera desvía la mayor parte de ellas a modo de escudo protector. No obstante, parte de las partículas pueden acceder a las zonas en las que el campo magnético penetra en el interior de la Tierra: el Polo Norte y el Polo Sur. Es aquí donde se producen una serie de reacciones en las que los iones transportados chocan con los gases atmosféricos y debido a estas colisiones se liberan fotones (partículas que emiten luz), dando lugar a las auroras.

Un error muy común es pensar que únicamente se producen auroras en el Polo Norte, que son propiamente las que denominamos con el término boreal. Como ya se ha demostrado, al ser un proceso que depende del campo magnético terrestre, se pueden producir auroras tanto en el norte como en el sur de la Tierra. Juntas reciben el nombre común de auroras polares, y concretamente las que se producen en el Polo Sur son llamadas auroras australes. Es menos común oír hablar de las auroras australes debido a que aparecen en zonas más inaccesibles y por eso son más difíciles de ver, pero las probabilidades de que se produzcan unas u otras son las mismas. Además, la Tierra no es el único planeta en el que se observan auroras polares: se ha descubierto que también se originan en Júpiter y Saturno.

Las auroras boreales en Júpiter son de cientos a miles de veces más intensas que las de nuestro planeta. Fuente: XTEC.

Y bien, ¿dónde podemos ver auroras polares?

Si estás interesado en ver una aurora polar al menos una vez en tu vida, estos son algunos de los lugares que no pueden faltar en tu lista de próximos destinos:

  • Para ver auroras boreales, el país idóneo es Noruega: desde las Islas Lofoten hasta el Cabo Norte, pasando por la localidad de Tromsø, bien conocida por sus espectaculares auroras. También son visibles en Islandia, Alaska y Laponia. La mejor época para verlas es entre el equinoccio de otoño y el de primavera (21 de septiembre – 21 de marzo).
  • El lugar al que debes ir para ver auroras australes es la Antártida, pero es bastante inaccesible y esto hace que las auroras australes sean menos conocidas. No obstante, pueden observarse en algunas zonas del sur de Sudamérica, en Australia y en Nueva Zelanda. La mejor época para verlas es en primavera y verano (otoño e invierno en el hemisferio sur).

 

 

Fuentes

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