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Todos estamos un poco ciegos

Aunque cueste creerlo, todos estamos un poco ciegos. Para los más escépticos, antes de explicar por qué, lo demostraremos con unos sencillos experimentos que podéis hacer desde vuestra pantalla:

Si te tapas el ojo izquierdo y fijas la mirada del ojo derecho en la cruz verás el dibujo del átomo de la derecha. Al acercarte poco a poco a la pantalla manteniendo la vista fija en la equis (y con un poco de paciencia) verás que hay un punto en el que dejas de ver el dibujo del átomo.

Experimento 1. Si te tapas el ojo izquierdo y fijas la mirada del ojo derecho en la equis verás el dibujo del átomo de la derecha. Al acercarte poco a poco a la pantalla manteniendo la vista fija en la equis (y con un poco de paciencia) verás que hay un punto en el que dejas de ver el dibujo del átomo.

Emperimento 2.

Experimento 2. Puedes hacer la misma prueba mirando con el ojo izquierdo a la equis y tapándote el ojo derecho. En este caso comprobarás cómo parece que el pájaro desaparece y la jaula queda vacía.

Experimento 3.

Experimento 3. Mirando a la equis con el ojo derecho y tapándote el izquierdo puedes comprobar cómo parece que la aceituna desaparece y se ve únicamente el palillo vacío.

¿Por qué dejamos de ver estos dibujos?

Vayamos por partes. En primer lugar, debemos saber que somos capaces de ver qué hay a nuestro alrededor gracias a unas células que hay dentro de nuestros ojos: los fotorreceptores (receptores de luz). Tenemos dos tipos: los conos y los bastones, que se llaman así por la similitud de su forma. Los conos perciben los colores y los detalles cuando hay alta intensidad de luz, mientras que los bastones nos permiten ver cuando hay poca luz, pero solo son capaces de generar imágenes en blanco y negro.

conos y bastones

a) Representación esquemática de los fotorreceptores: conos en morado y bastones en rosa. Fuente: Beatriz Álvarez Rodríguez (Alfa-Hélice). b) Imagen de microscopía electrónica de conos y bastones de la retina de un anfibio. Fuente: Frederick National Laboratory for Cancer Research.

Estos dos tipos de fotorreceptores están distribuidos por la retina, un tejido que cubre la superficie interior de nuestros ojos. En la retina las señales de luz que reciben los fotorreceptores se transmiten mediante mecanismos químicos y eléctricos hacia el nervio óptico. Son los nervios ópticos de ambos ojos los que envían estas señales a distintas regiones del cerebro encargadas de controlar los reflejos oculares y los movimientos de la cabeza, o de regular los ciclos circadianos (que nos permiten diferenciar la noche y el día).

Retinografía en la que se muestra el disco óptico en la parte central, donde convergen los vasos sanguíneos del ojo. Fuente: Ophtalmology Grand Rounds.

Retinografía en la que se muestra el disco óptico en la parte central, donde convergen los vasos sanguíneos del ojo. Fuente: Ophtalmology Grand Rounds.

La zona de la retina a la que llegan las señales de todos los fotorreceptores es conocida como disco óptico, y de ella emerge el nervio óptico hacia el cerebro. Por esta razón aquí no tenemos fotorreceptores, lo que hace que haya una pequeña región de nuestro campo visual que no percibimos: el punto ciego. El tamaño del punto ciego es de 6 grados, no despreciable en los 120 grados que abarca nuestra visión en un campo horizontal.

Pero no todos los animales poseen un punto ciego. Algunos como los calamares, las sepias o los pulpos tienen una estructura ocular diferente en la que las fibras nerviosas están en la parte posterior del ojo y no interfieren en la visión del animal.

Ojos

Estructura ocular de humanos y pulpos. En el caso de los humanos, el nervio óptico impide que haya fotorreceptores en la región del disco óptico. Los pulpos y otros animales más primitivos poseen un ganglio óptico que emerge de la parte posterior de la retina, permitiendo que ésta esté completamente cubierta de fotorreceptores. Fuente: THE GENOME’S TALE (Imagen modificada a partir de esta fuente).

Pero si existe el punto ciego, ¿por qué no vemos una mancha negra con cada uno de los ojos?

La respuesta está en nuestro cerebro. Existe un punto ciego en cada ojo pero nosotros no somos capaces de percibirlo porque nuestro cerebro se encarga de “camuflarlo”. Es capaz de hacerlo porque el sistema visual que tenemos los mamíferos es binocular (del latín: bis, dos veces; oculus-i, ojo). Las imágenes percibidas por ambos ojos se unifican en la corteza cerebral donde se procesan como una única imagen, de modo que el punto ciego de cada ojo está compensado por la imagen que capta el otro.

¿Y cuando miramos solo con uno de los dos ojos y nos tapamos el otro (visión monocular)?

Tampoco vemos una mancha negra en la región correspondiente al punto ciego. Y en este caso no hay otro ojo que supla la imagen que no percibimos. Lo que ocurre una vez más es que el cerebro consigue imaginar qué falta en esa región del campo visual, aunque como hemos comprobado con los experimentos monoculares iniciales el cerebro puede equivocarse a la hora de hacerlo.

La compensación del punto ciego en este caso la realiza una región de la corteza cerebral en la que se procesa todo lo que vemos: el córtex visual. Aquí llegan las imágenes observadas de forma ordenada, lo que permite que nuestro cerebro imagine qué habría en la región del punto ciego con las imágenes que se perciben a su alrededor.

Con estos dos mecanismos, nuestro cerebro es capaz de imaginar qué puede haber en esa región del campo visual que no percibimos. Esto explica por qué en los experimentos propuestos al principio desaparecen los dibujos del átomo, el pájaro y la aceituna. Cuando coinciden con tu punto ciego no percibes la imagen pero tu cerebro es capaz de “rellenar” el espacio con lo que se encuentra alrededor. En el primer caso lo hará con el fondo azul, en el segundo con la jaula y en el tercero con el palillo. Así queda demostrado que todos estamos un poco ciegos, pero no debemos preocuparnos porque el cerebro se encarga de suplir este pequeño defecto.

Fuentes

  1. Filling-in of the blind spot: Edge effects in the visual cortex: S Magnussen, K Hamburgerô, T Otteô, L Spillmannô (Department of Psychology, University of Oslo, Blindern, N 0317 Oslo, Norway; ô Brain Research Unit, University of Freiburg, Hansastrasse 9, D 79104 Freiburg, Germany.
  2. On the Filling in of the Visual Blind Spot: Some Rules of Thumb. Frank H. Durgin (Formerly of) University of Virginia Srimant P. Tripathy and Dennis M. Levi University of Houston.
  3. Apuntes de fisiología sensorial, Javier Díez Guerra. Universidad Autónoma de Madrid.
  4. Universidad de Granadahttp://www.ugr.es/~setchift/docs/conciencia_capitulo_14.pdf
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5 pensamientos en “Todos estamos un poco ciegos

  1. Pingback: Todos estamos un poco ciegos

  2. Lo he encontrado muy interesante. He leído últimamente que iba a ser posible “hacerse invisible” y que ya lo han conseguido con partículas. Podríais explicarlo ?
    Mil gracias.

  3. Hola Mª José,
    La verdad es que no había oído hablar de ello, pero intentaré responder a tu pregunta con lo que he podido investigar.

    Partículas invisibles podemos encontrar en todos lados. El propio aire que nos rodea está lleno de partículas (moléculas de oxígeno, nitrógeno,…) que podemos decir que para nosotros son invisibles (incoloras), ya que no somos capaces de verlas a simple vista. Esto se debe a que son partículas que dejan pasar toda la luz sin absorberla. La diferencia con las partículas que sí que vemos es que estas últimas absorben parte de la luz, lo que les da color y nos permite verlas.

    En cuanto a lo de hacernos invisibles, lo único que he encontrado es una capa de invisibilidad que creó el físico estadounidense John Howell. Está formada por un material conocido como plexiglás, además de varias lentes y espejos que, según el creador, tienen un coste de 150 dólares (unos 110 euros). Su mecanismo se basa en fenómenos físicos de reflexión de la luz, de forma parecida a muchos objetos que se usan en espectáculos de magia. Pero únicamente es un efecto óptico, es una invisibilidad relativa. Aquí te dejo un vídeo en el que se muestra cómo funciona este invento:

    El cambiar las propiedades físicas de las partículas para hacer que no absorban nada de luz creo que por el momento no se ha conseguido. Y en seres vivos tan complejos como los humanos dudo que pueda llegar a hacerse, ya que hay moléculas esenciales (como el grupo hemo de los glóbulos rojos que transporta el oxígeno) que tienen color por su propia naturaleza y estructura molecular. Así que, de momento, creo que habrá que conformarse con estos ingeniosos trucos de magia.

    Muchas gracias por leernos! Si tienes alguna duda o aportación más, adelante!

    Un saludo,

    Bea.

    Que la ciencia te acompañe.

  4. bueno, yo he encontrado también algo similar a la capa de invisibilidad que aparece en la película de Harry Potter. Aquí dejo el enlace al vídeo.

    Esta tecnología se basa en el uso de retrorreflectores como los de la bici. Consisten en una serie de reflectores colocados de tal forma que la luz se refleja hacia cualquier punto situado delante de ellos, incluyendo el foco emisor de luz. De forma que el hombre tiene una cámara detrás que graba lo que él mismo taparía y un proyector delante que proyecta sobre la capa lo que la cámara ha grabado, siendo reflejada hacia cualquier persona que esté en el lado del proyector. El problema es que por el otro lado la persona es completamente visible porque no hay ningún proyector que emita sobre la capa.
    Un saludo.

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